La Viruela En América: Origen, Evidencia Y Consecuencias Históricas

HISTORIA

La Viruela En América: Origen, Evidencia Y Consecuencias Históricas

«Hirió Dios y castigó esta tierra y a los que en ella se hallaron, así naturales como extranjeros, con diez plagas trabajosas. La primera fue de viruelas y comenzó de esta manera. Siendo capitán y gobernador Hernando Cortés, al tiempo que el capitán Pánfilo de Narváez desembarcó en esta tierra, en uno de sus navíos vino un negro herido de viruelas, la cual enfermedad nunca en esta tierra se había visto... fue entre ellos tan grande enfermedad y pestilencia en toda la tierra, que en las más provincias murió más de la mitad de la gente... morían como chinches a montones. Murieron también muchos de hambre, porque, como todos enfermaron de golpe, no se podían curar los unos a los otros... y porque no podían enterrar tantos como morían... echábanles las casas encima, de manera que la casa era su sepoltura. A esta enfermedad llamaron los indios «la gran lepra», porque eran tantas las viruelas, que se cubrían de tal manera que parecían leprosos»

Benavente «Motolinía», T. Historia de los Indios de la Nueva España, Capítulo Primero.


La viruela, provocada por el virus Variola (VARV), se ha consolidado como una de las amenazas biológicas más letales en la crónica de nuestra especie, con una cifra de mortalidad que oscila entre los 300 y 500 millones de fallecimientos tan solo durante el siglo XX. Su irrupción en el hemisferio occidental tras el contacto transoceánico del siglo XVI no fue simplemente un evento epidemiológico, sino una catástrofe demográfica de proporciones apocalípticas que reconfiguró el equilibrio de poder en el mundo. 
La investigación contemporánea se halla en una encrucijada fascinante donde la hermenéutica de las crónicas coloniales converge con la precisión de la paleogenómica para desentrañar la trayectoria evolutiva de este patógeno y su papel determinante en la caída de civilizaciones monumentales.

▪ Origen Y Trayectoria Evolutiva Del Virus Variola

El nacimiento de la viruela permanece como un enigma parcialmente resuelto por la ciencia, entendiéndose como una consecuencia directa del Neolítico, cuando los asentamientos humanos permanentes y la domesticación de animales crearon el caldo de cultivo ideal para la zoonosis. Se teoriza que el virus saltó de animales de rebaño a los humanos, adaptándose a su nuevo huésped a medida que las densidades poblacionales permitían una transmisión sostenida. La evidencia física más remota se manifiesta en la arqueología egipcia, donde la momia del faraón Ramsés V, fallecido en el 1157 a.C., exhibe lesiones pustulosas características en su piel, lo que sitúa la presencia de la enfermedad en al menos 3,000 años de antigüedad.

Ramses V


Aunque las descripciones textuales más antiguas se encuentran en China durante el siglo IV y en la India en el siglo VII, el diagnóstico retrospectivo es complejo debido a la similitud sintomática con otras dolencias eruptivas. No obstante, el estudio del ADN antiguo (aDNA) ha dado un vuelco a estas cronologías. Investigaciones recientes sobre restos humanos de la Era Vikinga, datados entre los años 600 y 1050 d.C. en el norte de Europa, han identificado cepas pertenecientes a un linaje ya extinguido, divergente de las versiones modernas del virus. Estos hallazgos confirman que la viruela circulaba activamente en poblaciones humanas al menos 1,000 años antes de lo que sugerían las estimaciones genéticas previas, estableciendo que el ancestro común más cercano de las cepas actuales surgió hace aproximadamente 1,700 años.

▪ La Introducción Del Patógeno En Un Continente Inmune

América representaba lo que los epidemiólogos denominan un suelo virgen, un vasto territorio donde sus habitantes carecían de memoria inmunológica frente a los patógenos del Viejo Mundo. La introducción de la viruela no fue un evento único, sino una cadena de contagios que comenzó poco después del arribo de Colón. El primer brote documentado con rigor histórico ocurrió en la isla de La Española en 1507, seguido de otro episodio severo en 1517 que diezmó a las poblaciones caribeñas tras la llegada de embarcaciones cargadas con personas esclavizadas desde África.



«...y un negro que traía lleno de viruela, que harto negro fue para la nueva españa, que fue causa que se pegase e hinchiese toda la tierra de ellas, de lo cual hubo gran mortandad, que, según decían los indios, jamás tal enfermedad tuvieron, y como no lo conocían, lavábanse muchas veces, y a esta causa se murieron gran cantidad de ellos. por manera que negra la ventura del narváez y más prieta la muerte de tanta gente sin ser cristianos». - Díaz del Castillo, B. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Capítulo CXXIV.

Sin embargo, el hito que alteró la historia continental se produjo en abril de 1520, con la expedición de Pánfilo de Narváez hacia las costas de México. Los relatos de la época individualizan el origen del contagio en un hombre llamado Francisco de Eguía, (del cual hablaremos más adelante) cuya infección se propagó con una virulencia inaudita entre los pueblos indígenas que se congregaban en Cempoala. Para corroborar estas narrativas, los científicos actuales utilizan técnicas de metagenómica de escopeta y herramientas como MALT, capaces de rastrear fragmentos de ADN viral en la cámara pulpar de los dientes de individuos exhumados en contextos arqueológicos, confirmando que el virus circulaba por el torrente sanguíneo en el momento exacto de la muerte.

▪ El Colapso De Los Grandes Imperios Ante La Plaga

La viruela actuó como una vanguardia invisible que diezmó las estructuras de mando antes de que los ejércitos españoles consolidaran su dominio. En el Valle de México, el virus hizo su entrada en septiembre de 1520, en un momento crítico tras la huida de Hernán Cortés durante la Noche Triste. Mientras los mexicas intentaban reorganizar su defensa, la enfermedad segó la vida de Cuitláhuac, el sucesor de Moctezuma, dejando al imperio en una crisis de liderazgo en medio del asedio. El Códice Florentino, bajo la supervisión de Bernardino de Sahagún, ofrece testimonios desgarradores de personas que no podían ni siquiera girarse en sus lechos sin gritar de dolor, pereciendo por la infección o por el hambre, ya que no quedaba nadie sano para preparar el alimento básico.

«Hubo un gran estrago. Muchos murieron de ello. No podían caminar; solo yacían en sus lugares de descanso y lechos. No podían moverse; no podían agitarse; no podían cambiar de posición... Y si se movían, no hacían más que gritar».

Códice Florentino, relatado por los informantes de Bernardino de Sahagún (traducido del registro náhuatl).


En el contexto del Imperio Inca, el impacto fue incluso más dramático. El virus viajó hacia el sur por las rutas comerciales, llegando a la región andina entre 1524 y 1527, años antes de que Francisco Pizarro pisara el territorio. La muerte del emperador Huayna Cápac y de su heredero legítimo, Ninan Cuyuchi, provocó una guerra civil fratricida entre Huáscar y Atahualpa. 
Este conflicto interno, sumado a una pérdida poblacional estimada en 200,000 personas en su fase inicial, fracturó la cohesión del imperio, permitiendo que una fuerza invasora mínima tomara el control de una de las organizaciones políticas más complejas de la historia.

¿FUE LA CONQUISTA EUROPEA IMPULSADA POR LAS ARMAS O POR LAS EPIDEMIAS?

La afirmación de que la conquista de América fue impulsada principalmente por epidemias más que por la superioridad de las armas es una hipótesis con muchos respaldos.

Aunque tradicionalmente se resaltó la ventaja de la pólvora y el acero, la realidad es que la tecnología militar europea del siglo XVI tenía una limitación muy importante:

La Inferioridad numérica: Los europeos estaban "desesperadamente superados en número" por las huestes de guerreros indígenas

Las crónicas de la época confirman que las epidemias desarticularon la resistencia de las civilizaciones más poderosas.

Durante el asedio de Tenochtitlán en 1520, la viruela mató a una gran parte de la población y a líderes clave. Cuando Cortés finalmente tomó la ciudad, las calles estaban cubiertas de cuerpos en descomposición, víctimas de la peste y no solo del combate.

Las crónicas coinciden en que la viruela no existía en América antes de 1520 y que fue introducida por la expedición de Pánfilo de Narváez, quien desembarcó en Cempoala en abril de ese año con el objetivo de arrestar a Hernán Cortés

Francisco de Eguía

El portador es identificado específicamente como un esclavo africano enfermo llamado Francisco de Eguía. (no, no es el mismo de 1750)

Francisco de Eguía es recordado no por sus acciones individuales, sino por ser el portador accidental del virus que desencadenó la primera gran epidemia en «suelo virgen» en Mesoamérica.

La mayoría de las crónicas y fuentes históricas lo describen como un esclavo

No obstante, existen interpretaciones historiográficas divergentes; algunos autores, como Dobyns, sugieren que pudo haber sido uno de los soldados de la expedición, mientras que otros investigadores como McCaa plantean que la historia de un único esclavo portador podría ser un elemento mítico de la narrativa de la conquista.

Se le describe como un negro «ladino», término utilizado en la época para referirse a personas negras que hablaban español o lenguas romances.

Fray Toribio de Benavente «Motolinía» (Historia de los Indios de la Nueva España): Es la fuente primordial que describe su llegada. 

Eguía llegó como parte de la hueste de Pánfilo de Narváez. 

Narváez había sido enviado desde Cuba por el gobernador Diego Velázquez con el objetivo de apresar a Hernán Cortés.

Al momento de desembarcar, Francisco de Eguía ya se encontraba «herido de viruelas» (enfermo de viruela)

El virus estaba activo en la isla de Cuba cuando la flota de Narváez partió hacia el continente.


La expedición de Narváez tocó tierra cerca de la actual Veracruz, específicamente en el pueblo totonaca de Cempoala

Al entrar en contacto con los indígenas de la costa, el virus se propagó rápidamente hacia el interior, alcanzando el Valle de México en septiembre de 1520, poco después de que los españoles fueran expulsados de la capital durante la "Noche Triste"

Esta peste, llamada por los aztecas huizautl o cocoliztli, provocó una catástrofe demográfica donde murió más de la mitad de la población en muchas provincias.

En palabras de historiadores modernos que analizan estas crónicas, la conquista fue posible no solo por "la pólvora y la bala", sino fundamentalmente por este aliado biológico involuntario

Hoy es posible verificar estas catástrofes mediante estudios de paleogenética y metagenómica.


Se estima que en algunas regiones la población indígena disminuyó hasta en un 95% tras el contacto

En México central, la población cayó de unos 25 millones en el momento del contacto a apenas 1.4 millones un siglo después.

Esta pérdida masiva de vidas no solo eliminó a los ejércitos, sino que destruyó los sistemas de conocimiento al matar a los líderes y ancianos, facilitando la imposición del orden colonial.



Consecuencias Sociopolíticas Y Transformación Demográfica

El efecto de la viruela superó lo biológico para adentrarse en lo psicológico y espiritual. Los indígenas observaban con estupor cómo los españoles parecían gozar de una protección divina contra la peste, ignorando que los europeos habían desarrollado inmunidad tras estar expuestos al virus en su infancia. Esta aparente invulnerabilidad fue interpretada como una señal de la superioridad de la deidad cristiana, facilitando procesos de conversión masiva y erosionando la autoridad de los sacerdotes y médicos tradicionales. Las prácticas curativas autóctonas, como el uso de los temazcales o baños de vapor seguidos de inmersiones en agua fría, resultaron ser trágicamente contraproducentes, elevando la tasa de mortalidad al provocar choques térmicos en pacientes con fiebres extremas.

A largo plazo, el desplome demográfico fue asombroso. Esta pérdida de vidas humanas, que en algunas áreas alcanzó el 95%, generó un vacío laboral que los colonizadores intentaron subsanar mediante la importación masiva de mano de obra africana, cimentando así la estructura del comercio transatlántico de esclavos. 

En el norte del continente, durante el siglo XVIII, la enfermedad continuó su labor destructiva, documentándose casos de guerra bacteriológica rudimentaria, como el uso de mantas infectadas durante el asedio de Fort Pitt en 1763, un episodio que ilustra la crueldad con la que se instrumentalizó el virus.

La guerra bacteriológica de Fort Pitt 1763 - 

La Rebelión de Pontiac 

Este suceso ocurrió en el marco de la Rebelión de Pontiac, un levantamiento de diversas tribus indígenas contra el dominio británico tras la Guerra Franco-Indígena.

En la primavera de 1763, un grupo de indígenas de la nación Delaware rodeó Fort Pitt (en la actual Pittsburgh, Pensilvania), exigiendo su rendición



El fuerte estaba comandado por el capitán Simeon Ecuyer, un mercenario suizo al servicio de Gran Bretaña, quien se encontraba en una situación militar comprometida

El 24 de mayo de 1763, según consta en el diario de William Trent, un comerciante y comandante de la milicia local presente en el fuerte, se llevó a cabo el acto de guerra biográfica:

Los británicos entregaron a los enviados de los Delawares dos mantas y un pañuelo tomados directamente del hospital de viruela del fuerte. Trent escribió explícitamente en su registro: «Se los dimos... espero que tenga el efecto deseado»


Ecuyer ordenó que los presentes fueran deliberadamente infectados con esporas de viruela para diezmar a los atacantes, aprovechando que los europeos eran conscientes de que la enfermedad podía transmitirse por medio de fómites (objetos inanimados contaminados)

Aunque el acto en Fort Pitt parece haber sido una iniciativa local de Ecuyer y Trent, la idea de utilizar la viruela como arma contaba con la aprobación y el estímulo del mando supremo británico:

Sir Jeffery Amherst, comandante en jefe de las fuerzas británicas, escribió al coronel Henry Bouquet preguntando: «¿No se podría idear el envío de la viruela entre estas tribus de indios desafectas? Debemos en esta ocasión utilizar cada estratagema en nuestro poder para reducirlos»

El 13 de julio de 1763, Bouquet respondió: «Trataré de inocular a los [indios] con algunas mantas que puedan caer en sus manos, y tendré cuidado de no contraer la enfermedad yo mismo»

El general Thomas Gage, quien reemplazó a Amherst, firmó posteriormente los reembolsos por los gastos incurridos en los artículos utilizados para «transportar la viruela a los indios»

Para mediados de julio de 1763, se reportó que los Delawares estaban muriendo en grandes cantidades, como si hubieran sido «rastrillados por una descarga de metralla»

Las fuentes subrayan que este suceso demuestra que los europeos de la época comprendían perfectamente la naturaleza contagiosa de la viruela, a pesar de carecer de conocimientos sobre virus o bacterias.

«Yacen sobre sus duras esteras, la viruela rompiéndose y supurando, y corriendo una dentro de otra, su piel pegándose (por esa razón) a las esteras en las que yacen; cuando los giran, un lado entero se desprende de una vez».

 Bradford, W. History of Plymouth Plantation, describiendo la epidemia de 1634 entre los indios Narragansett.

LA POX AMERICANA - La viruela a partir de 1700

La "Pox Americana" fue una devastadora pandemia de viruela (causada por el virus Variola major) que azotó la mayor parte de América del Norte entre 1775 y 1782

«Se extendió de una tienda a otra como si el Mal Espíritu la llevara. No creíamos que un hombre pudiera dársela a otro, no más de lo que un herido puede dar su herida a otro... Aquellos cerca de lagos y ríos sufrieron más. Abrumados por la fiebre de la viruela, se lanzaban al agua fresca y se ahogaban»

Thompson, D. Narrative, recogiendo el testimonio de Saukamappee sobre la epidemia de 1781.

Este evento representó el primer episodio de enfermedad de alcance continental claramente identificable en la historia del continente, coincidiendo casi perfectamente con la Guerra de Independencia de los Estados Unidos

 A diferencia de los brotes en Europa, donde la enfermedad era endémica y afectaba principalmente a niños, en América encontró una población adulta con poca inmunidad, lo que resultó en una catástrofe demográfica 

Durante el siglo XVIII (los años 1700), la viruela en América pasó de ser una serie de brotes aislados a convertirse en una enfermedad endémica en las ciudades densamente pobladas y una catástrofe recurrente para las poblaciones indígenas y coloniales

A medida que los asentamientos crecían y las redes de comercio se expandían, el virus encontraba un flujo constante de nuevos huéspedes, lo que incrementó la frecuencia e intensidad de las epidemias

Brotes a principios del siglo (1702-1721)

A inicios de los 1700, la viruela ya estaba establecida en varios puertos importantes, afectando gravemente tanto a colonos como a nativos:

Quebec (1702-1703): Se registró una epidemia devastadora que mató a casi una cuarta parte de los habitantes de la ciudad

Boston (1721): Esta ciudad sufrió su peor epidemia del siglo XVIII en este año

Fue un evento histórico clave porque marcó la introducción de la variolación (una forma primitiva de inoculación) en las colonias británicas por parte de Cotton Mather y el médico Zabdiel Boylston

Aunque salvó vidas (la mortalidad entre los inoculados fue del 2.4% frente al 14% de los infectados naturalmente), causó una gran controversia religiosa y social

La Viruela como "Enfermedad de Conexión"

En el siglo XVIII, el virus se movió a través de tres vías principales:

El Comercio de Esclavos: El tráfico transatlántico siguió siendo una fuente constante de reintroducción del virus en el Caribe, México y Brasil

El Comercio de Pieles: En el norte, las redes de intercambio de pieles permitieron que la viruela viajara mucho antes que los exploradores europeos, diezmando tribus en el interior del continente

La Expansión del Caballo: La adopción del caballo por parte de tribus de las llanuras, como los comanches y shoshones, facilitó que individuos infectados cubrieran cientos de millas durante el periodo de incubación, llevando el virus a regiones remotas de la actual Canadá y el Noroeste del Pacífico

La Gran Pandemia Continental (1775-1782)

Hacia finales del siglo, se produjo lo que los historiadores llaman la "Pox Americana", la primera epidemia de alcance continental documentada en América del Norte

México (1779): Un brote masivo comenzó en la Ciudad de México, matando a unas 18,000 personas, principalmente jóvenes que carecían de inmunidad

Desde allí, el virus viajó por el Camino Real hacia el norte

Nuevo México y Texas (1780-1781): La viruela llegó a Santa Fe en 1781, causando la muerte de más de 5,000 indios de misión en la región

En San Antonio, Texas, la población fue diezmada de tal forma que el gobernador informó que solo se escuchaba el doblar de las campanas por los entierros

Guerra de Independencia de EE. UU.: 

El virus intervino directamente en el conflicto. Washington, temiendo que su ejército fuera aniquilado por la enfermedad (como sucedió en la desastrosa campaña de Quebec en 1775-1776), ordenó la inoculación masiva de sus tropas en 1777-1778, el primer programa de inmunización estatal a gran escala en la historia de ese país





  • Colapso Indígena: Se estima que solo en la pandemia de 1775-1782 murieron más de 130,000 personas en toda América del Norte
  • Vulnerabilidad Genética: Los nativos eran especialmente  susceptibles debido a su homogeneidad genética, lo que permitía que el virus se fortaleciera al pasar entre individuos con códigos genéticos similares
En las colonias españolas, la variolación comenzó a ser promovida por las autoridades hacia finales del siglo (como la expedición de Balmis que inició en 1803), aunque encontró resistencia inicial por temor a que los inoculados se convirtieran en portadores


¿Quién mató realmente a los pueblos originarios? El debate entre la viruela y el acero

Durante siglos, la historia tradicional nos vendió la imagen de "puñados de valientes" conquistando imperios. Luego, la tendencia cambió y se dijo que fueron las enfermedades las únicas responsables. Pero la realidad científica y arqueológica es mucho más oscura: fue una sinergia mortal donde el virus puso la bala, pero el sistema colonial apretó el gatillo.

El concepto de "epidemia de suelo virgen" explica por qué enfermedades como la viruela fueron tan devastadoras. Al ser América un ecosistema aislado por milenios, sus habitantes carecían de memoria inmunológica para enfrentarse a las cepas europeas y africanas. La viruela, por ejemplo, no necesitó esperar a los soldados; viajó por las arterias del propio Imperio Inca, el Qhapaq Ñan, mucho antes de que los españoles pusieran un pie en los Andes.

Pero culpar únicamente al virus es ignorar la mitad de la historia. Como bien ha señalado el análisis de Tzvetan Todorov, la letalidad de estos patógenos fue multiplicada exponencialmente por la actuación humana.

Existen tres niveles de responsabilidad que no podemos separar. 

  • El primero es el homicidio directo, las masacres que, aunque brutales, no explican por sí solas el colapso demográfico. 
  • El segundo es el sistema de malos tratos, la esclavitud encubierta en las minas y las encomiendas, donde el agotamiento físico extremo anulaba cualquier capacidad de respuesta del sistema inmune. Un cuerpo desnutrido y exhausto por el "demasiado trabajo" no tiene energía para combatir ni una fiebre leve. 
  • Por último, está la responsabilidad difusa: la decisión de relocalizar a las poblaciones en "reducciones" o congregaciones para controlarlas mejor, lo que convirtió a los nuevos pueblos en incubadoras humanas donde el virus saltaba de casa en casa con una eficiencia aterradora.

La tragedia alcanzó su punto máximo con lo que podríamos llamar la hambruna inducida. 
Los cronistas de la época, como Fray Toribio de Motolinía, relatan escenas desgarradoras donde la gente no moría necesariamente por la infección, sino por el abandono. En una sociedad donde todos enfermaban al mismo tiempo, no quedaba nadie sano para preparar comida, para cuidar a los niños o para mantener los ciclos de siembra. 
Al final, la viruela venció a los nativos no por ser un castigo divino o un azar biológico, sino porque el orden social impuesto por los conquistadores impidió que las comunidades pudieran lamerse las heridas y recuperarse.

 Los colonizadores no solo trajeron la peste; cosecharon sistemáticamente los beneficios de un desastre biológico que ellos mismos se encargaron de hacer letal.


«Todas estas cosas pasaron al pie de la letra como aquellos sacerdotes contaban y cantaban; ca los españoles abrieron muchos indios a cuchilladas en las guerras, y aun en las minas, y derribaron los ídolos de sus altares, sin dejar ninguno. Vedaron todos los ritos y ceremonias que hallaron. 
Hiciéronles esclavos en la repartición, por lo cual como trabajaban más de lo que solían, y para otros, se murieron y se mataron todos; que de quince veces cien mil y más personas que había en aquella sola isla, no hay ahora quinientos. 
Unos murieron de hambre, otros de trabajo, y muchos de viruelas. Unos se mataban con zumo de yuca, y otros con malas yerbas; otros se ahorcaban de los árboles. 
Las mujeres hacían también ellas como los maridos, que se colgaban a par de ellos, y lanzaban las criaturas con arte y bebida por no parir a luz hijos que sirviesen a extranjeros. Azote debió ser que Dios les dio por sus pecados. Empero grandísima culpa tuvieron de ello los primeros, por tratarlos muy mal, acodiciándose más al oro que al prójimo.»
- Francisco López de Gómara - Historia general de las Indias (Cap. XXXIII)


Epílogo Científico Y La Erradicación De Un Flagelo Milenario

La comprensión actual de estas epidemias ha permitido a los investigadores separar la viruela de otras pestilencias históricas, como el cocoliztli de 1545, que recientemente ha sido vinculado a la Salmonella enterica mediante estudios paleogenómicos. Esta distinción es vital para entender cómo diferentes patógenos interactuaron para causar una de las mayores contracciones poblacionales de la historia humana. La erradicación mundial de la viruela, certificada por la Organización Mundial de la Salud en 1980, marcó el fin de una cadena de sufrimiento que se extendió por milenios. No obstante, el estudio de sus restos en el registro arqueológico sigue siendo una prioridad para la seguridad sanitaria global, recordándonos que la susceptibilidad genética y la falta de inmunidad previa son factores que pueden alterar, de forma definitiva y violenta, el curso de la civilización.

LA EVIDENCIA CIENTIFICA

La premisa de que la viruela diezmó a las poblaciones aborígenes de América no es una mera interpretación narrativa de las crónicas coloniales; constituye un hecho respaldado por un trípode riguroso de evidencia científica tangible. La antropología física, la paleogenómica y la epidemiología moderna convergen para diseccionar los mecanismos biológicos que convirtieron a este patógeno en un agente de exterminio masivo, sustentando la catástrofe demográfica en datos osteológicos, análisis del sistema inmunitario y modelos clínicos aplicados a poblaciones sin inmunidad previa.

▪ El Registro Físico De Ontario: Osteomielitis Variolosa En Restos Indígenas

La evidencia más directa y física de la viruela en el registro arqueológico americano proviene de hallazgos excepcionales en un cementerio nativo de Ontario, Canadá, datado con precisión entre 1640 y 1650, pleno siglo diecisiete. En este sitio, los arqueólogos y antropólogos físicos exhumaron restos humanos que presentaban alteraciones óseas severas y muy específicas identificadas unívocamente como osteomyelitis variolosa, un efecto secundario crónico y doloroso del virus Variola que afecta el tejido óseo de los sobrevivientes. Este descubrimiento es de una importancia científica capital, ya que la viruela, al ser una enfermedad aguda, generalmente mata al huésped antes de dejar huellas en el esqueleto. El hecho de encontrar estas deformaciones osteológicas palpables en Ontario confirma empíricamente la presencia activa de la enfermedad, su cronicidad en individuos que superaron la fase inicial y localiza un brote histórico concreto en una comunidad aborigen específica durante ese período.

▪ Hallazgos Metagenómicos En México: Teposcolula-Yucundaa Y La Vulnerabilidad Epidémica

Otra línea de evidencia concreta se halla en el sitio arqueológico de Teposcolula-Yucundaa, en el actual estado de México. Utilizando herramientas de metagenómica avanzada como MALT aplicada a la cámara pulpar protegida de los dientes de individuos exhumados de entierros masivos datados en el siglo dieciséis, los científicos lograron una identificación patógena excepcional. Aunque el ADN del virus de la viruela Variola major se degrada con extrema rapidez, dificultando su captura directa en restos arqueológicos antiguos, el análisis metagenómico en Teposcolula-Yucundaa identificó trazas de otros patógenos del Viejo Mundo que circulaban simultáneamente, como la Salmonella enterica. Este descubrimiento demuestra científicamente la absolute vulnerabilidad de estas poblaciones ante un abrumador cóctel de enfermedades exóticas que las atacaban de forma concurrente, confirmando empíricamente el contexto epidémico masivo que abrumaba sus sistemas inmunitarios homogeneos, localizando este colapso biológico en el centro de México durante la fase crítica del contacto europeo.

▪ Testimonios Etnohistóricos Y Manifestaciones Clínicas Documentadas

Más allá de los restos físicos, la etnohistoria y la documentación clínica directa ofrecen testimonios sobre manifestaciones patológicas de la viruela en aborígenes americanos que exceden cualquier descripción teórica europea. El líder puritano William Bradford, en su crónica del siglo diecisiete, documentó con una crudeza gráfica el impacto entre los indios Narragansett en 1634, describiendo casos de viruela confluente donde las pústulas se unían en una sola masa purulenta sobre el cuerpo. Bradford relató médicamente cómo la piel de los enfermos "se pegaba a las esteras", y al intentar moverlos, "un lado entero de la piel se desprendía de una vez" debido a la necrosis cutánea masiva, una manifestación clínica extremadamente rara en Europa que empíricamente demuestra la respuesta inmunológica devastadora de estas poblaciones de suelo virgen. De igual forma, en el oeste americano, los indios Flathead relataron a misioneros que la enfermedad producía "pústulas rojas y negras", signos inequívocos de viruela hemorrágica, la forma más letal del virus, caracterizada por hemorragias internas y toxemia extrema en pacientes con nula protección adquirida.

Adicionalmente, las secuelas físicas documentadas concretamente sirven como indicadores biológicos palpables. Exploradores como George Vancouver y Archibald Menzies documentaron en 1792 a numerosos indígenas en el Noroeste del Pacífico que estaban totalmente ciegos de un ojo o de ambos, debido a ulceraciones severas en la córnea causadas por el virus Variola, una secuela física directa que confirma empíricamente la propagación y el impacto ocular específico del virus en estas poblaciones localizadas.

▪ Evidencia Osteológica De La Vulnerabilidad Sinérgica En Florida Y Georgia

Finalmente, el estudio de restos óseos procedentes de misiones españolas en Florida y Georgia durante el siglo diecisiete ofrece evidencia osteológica de una interacción sinérgica mortal que elevaba la mortalidad infantil. El análisis antropológico de estos restos mostró un aumento significativo de hiperostosis porótica, un signo óseo inequívoco de anemia por deficiencia de hierro. Esta condición, un hallazgo osteológico tangible y localizable, indica que los individuos estaban debilitados nutricionalmente debido a las condiciones de vida impuestas y la introducción de nuevos sistemas de agua contaminada, como pozos superficiales. La ciencia médica señala que individuos debilitados por la anemia tenían una menor capacidad inmunológica para resistir las complicaciones secundarias de la viruela, lo que elevaba drásticamente la mortalidad infantil reportada concretamente en los registros parroquiales de las misiones, configurando una evidencia ósea del contexto que incrementaba la devastación biológica en esa región y período específicos.

Evidencia Cuantitativa: "Libros de Entierros" (1779-1781)

Los registros parroquiales de la época colonial proporcionan datos numéricos que confirman el colapso demográfico en puntos geográficos exactos.

Santo Domingo Tehuantepec (Oaxaca): Los frailes registraron un promedio de 5.57 muertes mensuales entre 1775 y 1780. En febrero de 1780, tras la llegada del virus, la cifra saltó a 103 muertes y en marzo a 296

 El registro identifica por nombre a la primera víctima, una niña llamada Catarina, fallecida el 4 de febrero de 1780 por "viruelas"

Santa Clara (Nuevo México): En solo tres meses (enero-marzo de 1781), los registros muestran 206 entierros. El clérigo a cargo escribió físicamente en el margen del libro la frase: "Abundancia de Viruelas" como explicación médica del desastre

Hidalgo del Parral (Chihuahua): Registros de entierros muestran 1,030 defunciones entre julio y diciembre de 1780, de las cuales se estima que 850 fueron causadas directamente por la viruela

Evidencia de Metagenómica: Teposcolula-Yucundaa (México)

Aunque el ADN del virus Variola es difícil de recuperar debido a su degradación, se ha utilizado tecnología de punta para identificar otros patógenos de la misma era.

Se analizó el ADN de la cámara pulpar de los dientes de individuos enterrados en un cementerio de epidemia del siglo XVI en Oaxaca. Mediante la herramienta MALT, se identificaron genomas de Salmonella enterica serovar Paratyphi C en diez individuos.

Al sur del Continente: Chile y Argentina

Es posible y, de hecho, está ampliamente documentado que la viruela llegó a varias regiones del continente americano, incluido el sur, años antes de la presencia física de los conquistadores europeos
Este fenómeno se debió a que los patógenos del Viejo Mundo se propagaban rápidamente a través de las redes de contacto y comercio indígenas, actuando como una "vanguardia biológica" que diezmaba a las poblaciones locales antes de que los españoles llegaran a sus territorios.

Se cree que el virus se propagó hacia el sur desde México y Centroamérica, moviéndose de persona a persona a través de los mensajeros y las rutas comerciales que conectaban las distintas regiones del continente.

La viruela no requiere de animales o agua para transmitirse; pasa exclusivamente de un humano a otro. Por ello, las redes de senderos y calzadas que existían antes de la organización del imperio incaico facilitaron que el virus viajara a grandes distancias durante el periodo de incubación de 12 días.

Al ser una población sin inmunidad previa, el virus no encontraba resistencia biológica, lo que permitía una tasa de infección superior al 80% y una propagación explosiva.

La viruela entró en Chile muy temprano en el proceso de conquista, convirtiéndose en un factor que diezmó tanto a la población indígena como a los colonos nacidos en la tierra sin inmunidad.

Primeras introducciones directas (Siglo XVI): Los soldados españoles introdujeron el virus en Chile por primera vez en 1554, con brotes recurrentes documentados en 1561 y 1591. En estas fechas, la enfermedad ya afectaba a los "españoles" nacidos localmente que no habían estado expuestos al virus, registrándose muertes masivas entre ellos y "contables indios".

Siglo XVIII y Salud Pública: Hacia finales de los 1700, se registraron brotes severos en Santiago (1779) y en la zona de Concepción (1789-1791)Estos eventos fueron tan críticos que obligaron a las autoridades coloniales a idear las primeras políticas de salud pública y control preventivo en la región.

Mortalidad extrema (Siglo XIX y XX): En 1886, una epidemia en la República de Chile resultó fatal para el 60-70% de las víctimas en algunos hospitales

En 1921, Santiago sufrió la peor epidemia de su historia con 10,000 casos en una población de medio millón de habitantes.

Casos en Argentina

Las fuentes proporcionan datos puntuales sobre el impacto en las poblaciones aborígenes y coloniales del actual territorio argentino, especialmente a través de los Libros de Entierros y Actas Capitulares.

La región de Cuyo (Mendoza, San Juan, San Luis): Durante el siglo XVII, esta zona sufrió epidemias recurrentes de viruela en 1627, 1650, 1651, 1652, 1676, 1680 y 1688.

Evidencia de mortalidad: En 1652, las autoridades de Mendoza afirmaron que la ciudad padecía "el mayor trabajo que puede haber con la peste", reportando "tantas muertes" que se dejaron de cultivar las viñas.

Colapso de los Huarpes: La viruela fue una de las causas principales de la despoblación de las encomiendas de indios huarpes. Se estima que para 1666, la población indígena en Cuyo había disminuido un 30% respecto a la época de la fundación. Los registros parroquiales y actas de cabildo mencionan epidemias severas de viruela, tabardillo (tifus) y sarampión en los años 1627, 1652 y 1663

El impacto en el Litoral (1871): Existen reportes médicos masivos de Buenos Aires que indican 26,000 muertes durante el verano de 1871. En la Provincia de Corrientes, la cifra fue aún mayor, registrándose 30,000 fallecidos por la misma época debido a la propagación del virus a través de las fronteras nacionales

Impacto en los pueblos nómadas del Sur (Puelches y Pehuenches)

La viruela no se limitó a las ciudades, sino que se extendió por las rutas comerciales indígenas hacia el sur profundo.

Vectores de contagio: Las bandas de puelches y pehuenches, que practicaban una trashumancia estacional entre las vertientes de la cordillera, actuaron como vectores que llevaron la enfermedad hacia el interior de la pampa y la Patagonia.

Frontera de guerra: Los ataques indígenas a las estancias de Cuyo a menudo se reducían durante los meses de invierno porque la nieve en la cordillera bloqueaba los pasos, actuando como una barrera física que impedía tanto el movimiento de guerreros como la propagación de brotes activos de viruela desde Chile.

Efecto desintegrador: La fuga de indígenas de las misiones hacia las pampas para escapar de la opresión española y de las epidemias en las reducciones contribuyó a la mezcla racial y cultural, acelerando la desaparición de los huarpes y puelches como etnias puras hacia el siglo XVIII.


Las fuentes de la evidencia:

  • Fenn, E. A. (2001). Pox Americana: The Great Smallpox Epidemic of 1775–82. Hill and Wang. (Esta obra documenta exhaustivamente los registros parroquiales de entierros en Tehuantepec, Santa Clara e Hidalgo del Parral, así como la evidencia de restos insepultos en el Noroeste del Pacífico.
  • Jackes, M. K. (1983). Osteological evidence for smallpox: a possible case from seventeenth century Ontario. American Journal of Physical Anthropology, 60(1), 75–81. (Estudio clínico fundamental que identifica la osteomielitis variolosa en restos óseos de un cementerio nativo en Canadá).
  • Vågene, Å. J., Herbig, A., Campana, M. G., Robles García, N. M., Warinner, C., Sabin, S., Spyrou, M. A., Andrades Valtueña, A., Huson, D., Tuross, N., Bos, K. I., & Krause, J. (2018). Salmonella enterica genomes from victims of a major sixteenth-century epidemic in Mexico. Nature Ecology & Evolution, 2(3), 520–528. https://doi.org/10.1038/s41559-017-0446-6 . (Investigación de metagenómica que analizó el ADN de la cámara pulpar de los dientes en Teposcolula-Yucundaa).
  • Garrido Opazo, G. F. (2018). La Viruela en Chile 1770-1805: ¿Los albores de la salud pública en Chile? (Tesis de Licenciatura). Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Santiago, Chile.. (Estudio centrado en las epidemias de Santiago (1779) y Concepción (1789-1791), analizando cómo estos brotes impulsaron las primeras políticas de control preventivo antes de la llegada de la vacuna en 1805
  • Kotar, S. L., & Gessler, J. E. (2013). Smallpox: A History. McFarland & Company.. (Documenta cifras masivas de mortalidad en el siglo XIX, como las 26,000 muertes en Buenos Aires y 30,000 en la Provincia de Corrientes, Argentina, durante 1871, además de la epidemia de 1921 en Santiago de Chile, que registró 10,000 casos).
  • Prieto, M. R. (1996). Formación y consolidación de una sociedad en un área marginal del Reino de Chile. (Obra citada en los fragmentos de la historia de Mendoza). (Proporciona evidencia de las epidemias recurrentes en la región de Cuyo (Mendoza, Argentina) durante el siglo XVII, mencionando específicamente la mortandad de 1652 y su impacto en el despoblamiento de las encomiendas de indios huarpes).

La erradicación

La erradicación de la viruela, declarada oficialmente el 8 de mayo de 1980 por la 33.ª Asamblea Mundial de la Salud, es considerada el mayor logro en la historia de la salud pública internacional

Fue la culminación de un esfuerzo global que combinó avances científicos, herramientas tecnológicas innovadoras y una estrategia de vigilancia epidemiológica sin precedentes.

 Antecedentes y el surgimiento de la vacuna

Antes de la erradicación, se utilizaron dos métodos principales para combatir la enfermedad:

Variolación: Un método antiguo (practicado en China desde el año 1000 d.C.) que consistía en exponer a personas sanas a material de costras o pústulas de enfermos para inducir un caso leve y generar inmunidad

Aunque reducía la mortalidad, el riesgo seguía siendo alto y los inoculados podían iniciar nuevos brotes

Vacunación (1796): El médico inglés Edward Jenner descubrió que la exposición a la viruela bovina (cowpox), una enfermedad mucho más leve, protegía contra la viruela humana

Jenner profetizó en 1801 que esta práctica llevaría a la aniquilación de la enfermedad

 El Programa de Eradificación Intensificado (1967)

Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) inició un plan en 1959, este fracasó inicialmente por falta de fondos y compromiso

En 1967, bajo el liderazgo de Donald Henderson, se lanzó el Programa Intensificado de Erradicación

El éxito del programa se basó en tres pilares fundamentales:

Vacuna liofilizada (secada en frío): A diferencia de las vacunas líquidas, esta versión era estable al calor y no requería refrigeración constante, lo que permitió su uso en zonas tropicales y remotas

Aguja bifurcada: Un invento sencillo que permitía tomar la dosis exacta de vacuna y aplicarla mediante pinchazos superficiales en la piel, facilitando que personal no médico pudiera vacunar a miles de personas rápidamente

Estrategia de Vigilancia y Contención (Vacunación en anillo): En lugar de intentar vacunar a toda la población mundial, los equipos se enfocaron en identificar cada brote activo. Una vez detectado un caso, se aislaba al paciente y se vacunaba a todos sus contactos cercanos y a los contactos de esos contactos, creando un "anillo" de personas inmunes que impedía la propagación del virus

Cronología del fin de la viruela

La erradicación se logró de forma progresiva por continentes o espacios geográficos:

Norteamérica y Europa: Ya habían eliminado la enfermedad de forma autóctona a principios de la década de 1950 (1952 y 1953, respectivamente)

Sudamérica: El último caso ocurrió en Brasil en 1971

Asia: La erradicación se alcanzó en 1975. La última persona en el mundo con viruela major (la forma más grave) adquirida naturalmente fue una niña de tres años en Bangladesh llamada Rahima Banu, en octubre de 1975

África: Fue el último bastión. El último caso de viruela minor (una forma más leve) adquirida naturalmente en el mundo fue el de Ali Maow Maalin, un cocinero de hospital en Somalia, el 26 de octubre de 1977

 Los últimos eventos y la declaración oficial

Tras el caso de 1977, el mundo permaneció en alerta. En 1978, ocurrió un trágico accidente de laboratorio en Birmingham, Inglaterra, donde la fotógrafa médica Janet Parker se infectó a través de los conductos de aire y murió, siendo la última víctima mortal registrada de la viruela

Finalmente, tras dos años de búsqueda activa de casos sin resultados, la OMS declaró formalmente que la viruela había sido borrada de la faz de la tierra en 1980

¿Por qué fue posible erradicarla?

A diferencia de otras enfermedades, la viruela tenía características únicas que facilitaron su eliminación:

Huésped exclusivo: El virus solo infectaba a humanos; no existían reservorios animales que pudieran reintroducirlo

. Reconocimiento fácil: Los síntomas (erupciones cutáneas) eran tan evidentes que no se requería equipo de laboratorio para identificar un brote

. Inmunidad permanente: Quienes sobrevivían o eran vacunados quedaban protegidos de por vida o por periodos muy largos, cortando la cadena de transmisión

Hoy en día, las únicas muestras oficiales del virus se conservan bajo estricta seguridad en dos laboratorios: el CDC en Estados Unidos y el Instituto VECTOR en Rusia


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Fuentes

  • Acuna-Soto, R., Stahle, D. W., Cleaveland, M. K., & Therrell, M. D. (2002). Megadrought and megadeath in 16th century Mexico. Emerging Infectious Diseases, 8, 360–362.
  • Benavente «Motolinía», T. (2014). Historia de los indios de la Nueva España (Edición de Mercedes Serna y Bernat Castany). Real Academia Española.
  • Cook, N. D., & Lovell, W. G. (2001). Secret Judgments of God: Old World Disease in Colonial Spanish America. University of Oklahoma Press.
  • Díaz del Castillo, B. (2011). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (Edición de Guillermo Serés). Galaxia Gutenberg.
  • Eyler, J. M. (2003). Smallpox in history: The birth, death, and impact of a dread disease. Journal of Laboratory and Clinical Medicine, 142(4), 216–220.
  • Fenn, E. A. (2001). Pox Americana: The Great Smallpox Epidemic of 1775–82. Hill and Wang.
  • Geddes, A. M. (2006). The history of smallpox. Clinics in Dermatology, 24(3), 152–157.
  • Kiple, K. F. (Ed.). (1997). Plague, Pox & Pestilence: Disease in History. Phoenix.
  • Robertson, R. G. (2001). Rotting Face: Smallpox and the American Fur Trade. Caxton Press.
  • Thèves, C., Crubézy, E., & Biagini, P. (2016). History of Smallpox and Its Spread in Human Populations. Microbiology Spectrum, 4(4).
  • Vågene, Å. J., et al. (2018). Salmonella enterica genomes from victims of a major sixteenth-century epidemic in Mexico. Nature Ecology & Evolution, 2(3), 520–528.
  • Vélez Cipriano, I. (2019). La conquista de México: Una nueva España. La Esfera de los Libros.

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