EL CEMENTERIO DE JEBEL SAHABA

HISTORIA, ARQUEOLOGÍA, PALEOLÍTICO

EL CEMENTERIO DE JEBEL SAHABA

Nuevas Perspectivas sobre la Violencia y la Guerra en el Pleistoceno Tardío del Valle del Nilo

1. INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO HISTÓRICO

El cementerio de Jebel Sahaba, también conocido como Sitio 117, representa uno de los descubrimientos arqueológicos más significativos y controvertidos de la prehistoria africana. Ubicado en Nubia, aproximadamente tres kilómetros al norte de Wadi Halfa en el valle del Nilo, este cementerio del Pleistoceno tardío ha sido durante décadas el epicentro del debate científico sobre los orígenes de la violencia interpersonal organizada en la especie humana.




El sitio fue descubierto en 1962 y excavado principalmente por el equipo del profesor Fred Wendorf durante la Campaña de Nubia, un esfuerzo internacional sin precedentes para documentar y preservar el patrimonio arqueológico de la región antes de que quedara sumergido bajo las aguas del lago Nasser tras la construcción de la Presa de Asuán. Las excavaciones originales, realizadas entre 1962 y 1966, revelaron los restos de 61 individuos enterrados en lo que inicialmente se interpretó como el cementerio más antiguo del valle del Nilo.

Desde su descubrimiento, Jebel Sahaba ha sido citado como la evidencia más antigua de guerra organizada y violencia interpersonal a gran escala en la historia humana. Sin embargo, durante más de cincuenta años, no se había realizado un estudio exhaustivo e integrador de las huellas de violencia presentes en los restos humanos que permitiera comprender verdaderamente la naturaleza, extensión y significado del fenómeno violento identificado en este sitio prehistórico.

La relevancia de este cementerio trasciende el ámbito puramente arqueológico. En un momento histórico caracterizado por cambios climáticos drásticos al final de la última glaciación, cuando el Sahara se transformaba de un desierto hiperárido en un paisaje más hospitalario durante el Período Húmedo Africano, las poblaciones humanas del valle del Nilo enfrentaban presiones demográficas y ambientales sin precedentes. Comprender cómo estas presiones se manifestaron en términos de violencia interpersonal proporciona información crucial sobre la plasticidad del comportamiento humano ante el estrés ambiental y la competencia por recursos limitados.

2. EL CONTEXTO AMBIENTAL Y CULTURAL DEL PLEISTOCENO TARDÍO

Para comprender plenamente el significado del cementerio de Jebel Sahaba, es necesario contextualizarlo dentro del marco ambiental y cultural del Pleistoceno tardío en el noreste de África. El final del Pleistoceno y el inicio del Holoceno estuvieron marcados por cambios climáticos de enorme magnitud cuyo impacto en las poblaciones humanas aún se comprende de manera incompleta.

En el valle del Nilo, las condiciones climáticas se caracterizaron por hiperaridez durante la segunda mitad del Pleistoceno tardío. Alrededor de 15.000 a 14.000 años antes del presente, el desborde repentino del Lago Victoria hacia el Nilo Blanco estableció el régimen de flujo actual del Nilo, causando inundaciones regulares y severas que se extendían hasta Egipto. Solo después del Dryas Reciente, aproximadamente entre 12.900 y 11.700 años antes del presente, las condiciones de monzón del Período Húmedo Africano comenzaron a estabilizarse.

La evidencia arqueológica indica una reducción drástica de la presencia humana en el valle del Nilo durante este período. Desde el Estadio Isotópico Marino 4, hace aproximadamente 71.000 años, hasta el Máximo Glacial, hay poca evidencia de ocupación humana en la región. La supervivencia de pequeños grupos en las pocas áreas sostenibles del Alto Egipto y la Baja Nubia se ve reflejada en la diversidad fenotípica inusual encontrada en los fósiles del Pleistoceno tardío de esta región, probablemente relacionada con la fragmentación y aislamiento poblacional.

Culturalmente, diferentes industrias líticas han sido identificadas en sitios asociados al final del Pleistoceno tardío. Estas industrias aparecen en áreas geográficas restringidas a lo largo del Nilo, principalmente en el Alto Egipto, y no parecen estar relacionadas con actividades específicas sino que se definen por conjuntos característicos de herramientas líticas y tecnologías que parecen estar asociadas con distintos grupos pequeños de cazadores-pescadores-recolectores. Cada una de estas industrias líticas se cree que representa una tradición cultural que refleja la identidad grupal.

Dentro de este contexto de presiones ambientales potenciales y restricciones geográficas, la identificación de huellas de violencia interpersonal en los individuos enterrados en Jebel Sahaba ha atraído considerable atención científica. La aparición de grandes cementerios al final del Pleistoceno refuerza la idea de unidades sociales fuertes dentro de estos grupos residenciales, lo que plantea interrogantes sobre las dinámicas intergrupales y la naturaleza de los conflictos que pudieron haber ocurrido.

3. LA INVESTIGACIÓN ORIGINAL Y SUS LIMITACIONES

Las excavaciones originales de Jebel Sahaba fueron dirigidas por Fred Wendorf y publicadas en 1968 en el volumen monumental La Prehistoria de Nubia. El análisis osteológico inicial fue realizado por J. E. Anderson, quien identificó evidencia de violencia interpersonal en los huesos de al menos la mitad de los individuos de Jebel Sahaba. Además, se descubrieron abundantes artefactos líticos de la industria Qadan dentro del espacio físico de los cuerpos, donde una vez estuvieron los tejidos blandos, o directamente incrustados en los huesos.


Dada su posición, estos artefactos líticos no pueden considerarse ofrendas funerarias, ni pueden los individuos de Jebel Sahaba ser referidos como pertenecientes a una población Qadan, particularmente porque otras entidades culturales estaban presentes en la Baja Nubia durante el mismo período. La interpretación original de Wendorf presentó el cementerio como un ejemplo clave del surgimiento de la violencia y la guerra organizada desencadenada por disputas territoriales.


Sin embargo, muchos elementos de los hallazgos originales, particularmente el momento, la naturaleza y la extensión de la violencia, pero también la asociación lítica, han sido cuestionados en años recientes. La datación original del cementerio, establecida entre 13.400 y 18.600 años cal BP, fue basada principalmente en la asociación con artefactos y evidencia geológica incierta. Una fecha obtenida de colágeno del esqueleto 43 (Pta-116, 13.740 ± 600 BP) fue considerada sospechosa porque la muestra fue procesada en un período cuando la espectrometría de masas con acelerador no estaba disponible y los procedimientos de extracción no estaban adecuadamente implementados.

Además, no se había realizado un estudio holístico de las huellas de violencia dejadas en los restos humanos para reevaluar el sitio y proporcionar una perspectiva actualizada sobre la violencia y el comportamiento humano al final del Pleistoceno tardío. Permanecía sin claridad si el cementerio fue el resultado de un único evento, de episodios esporádicos o repetitivos de violencia interpersonal, o si se utilizó como un lugar específico para el entierro de individuos particulares.

4. LA NUEVA REVISIÓN SISTEMÁTICA: METODOLOGÍA Y ENFOQUE

Entre 2013 y 2019, un equipo internacional de investigadores liderado por Isabelle Crevecoeur, Marie-Hélène Dias-Meirinho, Daniel Antoine y François Bon llevó a cabo una revisión exhaustiva de toda la colección de Jebel Sahaba conservada en el British Museum de Londres. Este reanálisis representó el primer estudio integrador completo de todas las huellas de violencia dejadas en los restos humanos desde la publicación original de Wendorf.


El análisis involucró una reevaluación completa de la edad y el sexo de todos los individuos utilizando los métodos antropológicos más recientes. El sexo biológico se determinó basándose en la morfología y dimensiones de la pelvis, y cuando ésta no estaba suficientemente completa, también se utilizó el cráneo y la mandíbula. La edad al momento de la muerte de los individuos inmaduros se basó predominantemente en el estadio de desarrollo dental, mientras que en adultos se emplearon diversos métodos incluyendo el análisis del remodelado de la superficie ilíaca sacro-pélvica y el desgaste dental.

El componente central de esta revisión fue el análisis macroscópico y microscópico exhaustivo de todas las áreas que exhibían trazas tafonómicas y antrópicas utilizando un microscopio digital con resolución de 5 megapíxeles, polarizador y rango de magnificación de 30x a 250x. Cada lesión potencial fue verificada en busca de fragmentos líticos incrustados y caracterizada siguiendo las recomendaciones de estudios experimentales sobre daños óseos por proyectiles.

Las trazas no antrópicas, principalmente debidas a roedores y actividad de termitas, fueron diferenciadas utilizando criterios macroscópicos y microscópicos establecidos. Las marcas de pisoteo fueron excluidas utilizando criterios diagnósticos específicos, considerando que los individuos de Jebel Sahaba fueron enterrados en fosas rellenas de sedimento y cubiertas por losas de arenisca, lo que hacía improbables las marcas de pisoteo.



Las Marcas de Impacto de Proyectil fueron caracterizadas utilizando criterios de identificación de daños óseos por proyectiles derivados de investigación arqueológica experimental. Aunque basados en la caza de ungulados pequeños y grandes, estos estudios experimentales proporcionan un sistema claro de clasificación de trauma por proyectiles que a menudo falta en análisis de violencia interpersonal. La terminología y clasificación utilizadas en este estudio se caracterizan por el nivel de penetración del proyectil en el tejido duro.

Además del análisis antropológico, esta revisión incluyó una reevaluación completa del conjunto lítico asociado a cada entierro. Se identificaron 13 nuevas piezas incrustadas en marcas de impacto de proyectil en los restos humanos, y se contaron los múltiples fragmentos encontrados en una MIP como un solo artefacto. Basándose en estos hallazgos, se estableció un nuevo total de 132 artefactos encontrados en asociación directa con 28 individuos.

5. HALLAZGOS PRINCIPALES: NATURALEZA Y EXTENSIÓN DE LA VIOLENCIA

Los resultados de esta revisión sistemática revelaron un panorama dramático de violencia interpersonal en el Pleistoceno tardío del valle del Nilo. De los 61 individuos estudiados, 41 (67,2%) exhiben al menos un tipo de lesión cicatrizada o no cicatrizada. Esto incluye tres cuartas partes de los adultos (74,4%, n=32) y la mitad de los no adultos afectados (50%, n=9). Los análisis muestran que de estos sesenta y un individuos, 26,2% (n=16) tenían signos de traumas perimortem, y 62,3% (n=38) mostraban traumas cicatrizados y/o no cicatrizados.


Un hallazgo particularmente significativo es que ambos sexos presentan el mismo porcentaje de lesiones cicatrizadas y no cicatrizadas. Entre los adultos con trazas de lesiones, 36,6% (n=15) muestran signos de lesiones tanto cicatrizadas como no cicatrizadas, con hombres (n=8) y mujeres (n=7) afectados de manera similar. Solo un no adulto, un adolescente de 15 a 19 años, presenta tanto lesiones cicatrizadas como no cicatrizadas.

La mayoría de los individuos con lesiones (92,7%, n=38) tenían algunas de origen traumático, y más de la mitad de estos individuos tenían un impacto de proyectil (61,0%, n=25). Este porcentaje es similar en adultos y no adultos, y entre hombres y mujeres. Los fragmentos líticos incrustados, de los cuales dos tercios fueron recién identificados (n=13, de 20), fueron registrados en las MIP de once individuos (26,8%, n=11), con una proporción mayor en hombres (n=6).

La ubicación de las lesiones revela patrones significativos. Primero, el número de fracturas cicatrizadas se concentra principalmente en las extremidades superiores y la cintura escapular (84,8%, n=28). El cincuenta por ciento de estas fracturas de extremidades superiores involucran las manos, tanto las falanges proximales como los metacarpianos, y un tercio están localizadas en el antebrazo. De éstas últimas, las fracturas defensivas de parada de la ulna son las más comunes.

Se observó una diferencia significativa entre hombres y mujeres, con fracturas de parada de los lados izquierdo y derecho, sin favorecer un lado, encontradas principalmente en individuos femeninos (88,9%, n=8). Aunque no significativo, las fracturas de huesos de la mano son más frecuentes en individuos masculinos (58%, n=7).

Las Marcas de Impacto de Proyectil se observan más comúnmente en las extremidades inferiores y en la cintura pélvica comparado con otras áreas anatómicas (44,3%, n=70). Similarmente, esta región anatómica tiene la frecuencia más alta de MIP puntuales y artefactos líticos incrustados (respectivamente 50,0%, n=12; y 55,0%, n=11). El sexo del individuo no parece haber influido en la frecuencia de estas marcas en diferentes partes del cuerpo.

Las marcas de arrastre están presentes tanto en la parte superior como inferior del cuerpo, con marcas en extremidades inferiores encontradas principalmente en el fémur (94,1%, n=16) y distribuidas equitativamente entre hombres y mujeres, así como entre los lados izquierdo y derecho. En las extremidades superiores, las clavículas y los húmeros exhiben el mayor número de marcas de proyectil (n=11).

La dirección del golpe no revela diferencias entre hombres y mujeres, con ambos sexos mostrando un número similar de marcas de proyectil que habían entrado por la espalda o el frente del cuerpo. En ambos sexos, varios individuos (n=6) también exhiben marcas consistentes con impactos tanto posteriores como anteriores.

Finalmente, el análisis revela que todos los tipos de traumas fueron observados en el cráneo. Sin embargo, la mayoría de las perforaciones causadas por traumas por fuerza contundente y/o impactos de proyectil se observan en el cráneo de no adultos (87,5% de las perforaciones, n=7).

6. CASOS INDIVIDUALES: EVIDENCIA DE VIOLENCIA RECURRENTE

Tres casos individuales ilustran particularmente bien la complejidad y el rango de lesiones encontradas en los individuos de Jebel Sahaba, independientemente de su edad al momento de la muerte, sexo o tipo de entierro.

El primer caso concierne al entierro doble de dos niños, JS 13 y JS 14, que tienen aproximadamente 5 y 4 años de edad respectivamente, basándose en el desarrollo dental y el crecimiento óseo. Cinco artefactos líticos fueron encontrados en asociación con los dos individuos. Aunque no se observó lesión ósea visible en JS 13, tanto el cráneo como el infra-cráneo de JS 14 tienen trauma no cicatrizado causado por impactos de proyectil.

La mayoría de las lesiones están localizadas en la calvaria y ninguna había sido documentada previamente. El hueso frontal exhibe un trauma por fuerza contundente a nivel del glabela. Varias marcas de arrastre y una perforación oblonga también están presentes en el lado izquierdo de la escama frontal, así como marcas de arrastre por raspado cerca del bregma. Tanto un sitio de punción con falla como parte de un artefacto incrustado son visibles aproximadamente un centímetro por encima de la órbita izquierda. Una perforación también está presente en el parietal derecho y en el occipital.

El segundo caso, JS 31, se centra en los restos de un probable hombre mayor de 30 años basándose en su desgaste dental severo y remodelado óseo. Diecisiete artefactos líticos encontrados in situ estaban en asociación directa con sus restos esqueléticos, con dos incrustados en el hueso y quince dentro del espacio físico del cuerpo. Las lesiones observadas en JS 31 están localizadas en el esqueleto infra-craneal.

La reevaluación reveló MIP cicatrizadas y no cicatrizadas previamente no identificadas, así como lesiones cicatrizadas que probablemente son el resultado de lesiones interpersonales anteriores. Las nuevas MIP no cicatrizadas identificadas incluyen una punción con aplastamiento, falla y desconchado de la superficie ósea en la parte anterior de la escápula izquierda, y un arrastre profundo en forma de V de 2 cm de largo en el lado posteromedial del húmero.

El tercer caso, JS 44, son los restos de una posible mujer que parece haber tenido más de 30 años. Veintiún artefactos líticos fueron encontrados en estrecha asociación con el esqueleto, uno de los cuales estaba incrustado en la cuarta costilla. Wendorf también notó dos ejemplos de alineaciones de lascas o copos durante la excavación que interpretó como evidencia del uso de proyectil compuesto.

Todas las lesiones observadas en JS 44 están localizadas en el esqueleto infra-craneal, con fracturas cicatrizadas presentes en la clavícula izquierda, el cúbito y radio derechos, y una costilla izquierda. La fractura de la clavícula izquierda, localizada en el extremo acromial de la diáfisis, revela una ligera torsión y un desplazamiento de los fragmentos óseos. La fractura cicatrizada del antebrazo derecho es oblicua, con desplazamiento de las dos piezas rotas.

7. REEVALUACIÓN DEL CONJUNTO LÍTICO Y SU SIGNIFICADO

La reevaluación del conjunto lítico asociado a los entierros proporciona información crucial sobre la naturaleza de los conflictos. Con la excepción de algunas lascas y puntas, los artefactos recolectados en la superficie del sitio (n=72) difieren en términos de su tipología y el material prima utilizado comparado con los encontrados dentro de los entierros y dentro del espacio físico de los esqueletos (n=115).

El reexamen confirma la diversidad de formas de artefactos con una tendencia hacia piezas de tamaño pequeño. A pesar de una fuerte variabilidad tipológica, la mayoría de los artefactos líticos encontrados dentro de los entierros pueden ser identificados como proyectiles o elementos de armadura, incluyendo las partes sin retoque. Significativamente, el análisis funcional preliminar muestra que algunos artefactos tienen fracturas de impacto.

Los elementos tecnológicos y tipológicos encajan bien con la definición de la industria Qadan. La reevaluación actual también reveló fuertes similitudes con la industria Tushka 8905-B atribuida inequívocamente al Qadan. Basándose en este reanálisis, casi la mitad de los elementos usados como armas son lascas y micro-lascas sin retoque que, como notó Wendorf, habrían pasado desapercibidos en cualquier otro contexto.

En el caso de Jebel Sahaba, su asociación con armamento es indiscutible. La mayoría parecen ser elementos compuestos montados lateralmente usados como parte de proyectiles. Las puntas habrían sido montadas en el extremo de los astiles, con crecientes montados lateralmente. Su diversidad tanto en tamaño como en forma sugiere el uso de varios tipos de armas, particularmente flechas ligeras pero también flechas o lanzas mucho más pesadas.

Finalmente, el uso de puntas con bordes de corte distal oblicuo o transversal parece indicar que una de las principales propiedades letales buscadas era cortar y causar pérdida de sangre. El hecho de que muchos fueran encontrados dentro del volumen del esqueleto también indica su eficiencia para penetrar el cuerpo. Aquellos encontrados en el sitio probablemente son los que se habían desprendido de su asta y no fueron removidos exitosamente antes del entierro.

8. ANÁLISIS DEMOGRÁFICO Y PATRONES DE ENTIERRO

Considerando el alto número de individuos con evidencia de violencia interpersonal, la frecuencia de marcas de impacto de proyectil, y la presencia de varios entierros dobles o múltiples, el perfil de mortalidad del sitio fue analizado para investigar posibles patrones en la selección de entierros. Si el cementerio reflejara un único evento de guerra, sería probable un perfil demográfico desbalanceado.

En Jebel Sahaba, los individuos cuyo sexo pudo ser asignado (n=39) no revelaron sesgo, con 48,7% mujeres y 51,3% hombres. La distribución de edades muestra una subrepresentación de no adultos (menores de 20 años = 29,5%) comparado con el porcentaje teórico (menores de 20 años = 54,5% ± 9,5%) para una población pre-jenneriana con una esperanza de vida al nacimiento de entre 25 y 35 años.

Sin embargo, este desbalance se debe principalmente a la falta de perinatos, neonatos y niños pequeños (cohortes de edad 0-1 y 1-4 años) cuyo cociente de mortalidad se encuentra fuera de los límites inferiores de los valores teóricos. La pequeña proporción de niños muy pequeños no es inusual en conjuntos funerarios pre-neolíticos y puede estar relacionada con factores demográficos, comportamientos culturales como el entierro separado de lactantes, o mala preservación.

Tanto la razón J:A (JS = 0,200) como el valor medio de mortalidad infantil (JS = 0,073) están por debajo del umbral de poblaciones de cementerios sesgados. En el evento de una crisis de mortalidad vinculada a un único evento, las anomalías demográficas usualmente se encuentran en cohortes de edad menos propensas a morir de otra manera (namamente las cohortes 10-14 y 15-19 años) por medio de una sobrerrepresentación en su cociente de mortalidad. El cementerio de Jebel Sahaba no incluye tal anomalía.

La presencia de entierros individuales (n=26), dobles (n=4) y múltiples (n=4), incluyendo algunos con evidencia de disturbio debido a la adición de individuos posteriores, indica episodios pequeños de eventos violentos recurrentes contra esta comunidad. Esto parece haber ocurrido en una escala de tiempo corta dada la homogeneidad del lugar de entierro y las prácticas funerarias.

9. IMPLICACIONES: VIOLENCIA ESPORÁDICA VERSUS GUERRA ORGANIZADA

Los resultados de esta revisión sistemática tienen implicaciones profundas para nuestra comprensión de la naturaleza de la violencia en el Pleistoceno tardío. Desde su descubrimiento en la década de 1960, el cementerio de Jebel Sahaba ha sido considerado como la evidencia más antigua de guerra organizada causada por restricciones ambientales. Sin embargo, las lesiones observadas en los esqueletos y la naturaleza del complejo funerario no habían sido reevaluadas.

La hipótesis de que Jebel Sahaba refleja un único evento de guerra es desestimada por la nueva evidencia. La co-ocurrencia de lesiones cicatrizadas y no cicatrizadas apoya fuertemente episodios esporádicos y recurrentes de violencia interpersonal entre grupos del valle del Nilo al final del Pleistoceno tardío. La naturaleza proyectil de al menos la mitad de las lesiones sugiere ataques intergrupales, más que conflictos intragrupales o domésticos.

La frecuencia de heridas cicatrizadas confirma que estos eventos no siempre fueron letales y pudieron ocurrir varias veces durante la vida de un individuo. El número de individuos con ambos tipos de lesiones aumenta con la edad desde la adolescencia (n=1), hasta adultos jóvenes (n=2) y adultos (n=13). Es importante destacar que la co-ocurrencia de lesiones antemortem y perimortem en varios individuos de Jebel Sahaba no había sido notada previamente e indica que algunos habían experimentado múltiples episodios de violencia interpersonal durante su vida.

El patrón de lesiones en mujeres e individuos inmaduros en Jebel Sahaba es inconsistente con violencia doméstica. El alto nivel de violencia interpersonal observado en el sitio puede haber sido impulsado en parte por la variabilidad climática. Durante el Pleistoceno tardío, pocos restos humanos son registrados en el valle del Nilo. Esto se refleja en una reducción drástica en el registro arqueológico con poca evidencia de presencia humana a lo largo del Nilo inferior.

La supervivencia de grupos pequeños en las pocas áreas sostenibles del Alto Egipto y la Baja Nubia se ve apoyada por la diversidad fenotípica inusual encontrada en los fósiles del Pleistoceno tardío de esta región. Con la variación de industrias líticas indicando diferentes tradiciones culturales y la co-ocurrencia de espacios de cementerio grandes sugiriendo algún nivel de sedentarismo, es probable que ocurriera una competencia territorial severa entre los grupos cazadores-pescadores-recolectores de la región cuando se vieron forzados a adaptarse a los cambios ambientales drásticos registrados al final del Máximo Glacial y el inicio del Período Húmedo Africano.

El cambio climático es el factor más probable que haya impulsado una competencia violenta por recursos a lo largo del tiempo, como se documenta en el registro etnoarqueológico. Los lugares de entierro especiales para las víctimas de violencia están documentados en registros etnológicos e históricos. En Jebel Sahaba, el porcentaje de individuos con trazas de traumas perimortem y/o artefactos líticos encontrados dentro del espacio físico del esqueleto es 54%.

10. CRONOLOGÍA REVISADA Y AFILIACIÓN CULTURAL

Un aspecto crítico de la nueva investigación es la revisión de la cronología del cementerio. Fechas directas por radiocarbono, entre 13,4 y 18,2 ka, confirman la antigüedad del sitio, haciendo de Jebel Sahaba el cementerio más antiguo del valle del Nilo. Sin embargo, nuevas fechas obtenidas de apatita para cuatro esqueletos parecen proporcionar un marco cronológico diferente, con fechas cayendo más en el Holoceno temprano que en el Pleistoceno tardío.

La revisión de la secuencia cultural del Paleolítico tardío, Holoceno temprano y medio de la región nubia ha llevado a una revaloración del Qadan y las industrias líticas Abkan. El Qadan había sido tradicionalmente asociado con la Formación Sahaba, cuyo inicio fue más o menos establecido en 16.500 BP, y el cementerio de Jebel Sahaba fue atribuido a esta misma fase cultural.


Sin embargo, el análisis tecnológico sugiere que la industria Qadan no duró tanto como originalmente se propuso. Las fechas para la industria Qadan en el área de Tushka, obtenidas de carbón (14.500 ± 490 uncal BP) y carbonatos, indican que la industria Qadan probablemente se sitúa alrededor de 15.000 BP. Si el cementerio no puede ser fechado al Qadan, surge la pregunta de a qué fase cultural puede ser asociado.

Las nuevas fechas de Jebel Sahaba indican un rango amplio, entre aproximadamente 11.500 y 7.000 BP, el más antiguo de los cuales caería parcialmente dentro del período de la formación Arkin, con el Nilo agrediendo probablemente bajo mejores circunstancias climáticas. Aunque la evidencia es débil, la sugerencia de que la población corresponde al tiempo de la formación Arkin puede ser considerada con cautela.

Es importante señalar que las nuevas fechas de Jebel Sahaba deben ser consideradas como fechas mínimas debido al problema de la disolución y re-precipitación de calcita que puede contaminar significativamente las proporciones de isótopos de carbono de la bioapatita. Este fenómeno generalmente ocurre durante períodos de aridez y significa que el cementerio podría ser aún más antiguo de lo que sugieren las fechas actuales.

11. COMPARACIÓN CON OTROS SITIOS DE VIOLENCIA PREHISTÓRICA

El cementerio de Jebel Sahaba no es el único sitio que proporciona evidencia de violencia interpersonal en la prehistoria africana, pero es uno de los más antiguos y mejor documentados. El sitio de Nataruk, situado al oeste del Lago Turkana y datado alrededor de 10,5-9,5 ka, proporciona el paralelo más cercano de violencia interpersonal a Jebel Sahaba.

Los individuos encontrados en Nataruk parecen exhibir signos de muerte violenta a través de marcas de impacto de proyectil (punciones y perforaciones), traumas por fuerza contundente y cortante y fracturas. Sin embargo, el ejemplo de Nataruk también difiere de Jebel Sahaba en que no hay un patrón claro de entierro deliberado, no hay signos de trauma en niños y falta trauma cicatrizado en los adultos.

En África, el caso documentado más antiguo de violencia interpersonal aparece ser de Wadi Kubbaniya, donde los restos de un esqueleto parcial perteneciente a un hombre joven adulto proporciona evidencia temprana de violencia interpersonal. Las fracturas líticas incrustadas y cicatrizadas también han sido documentadas en algunos individuos enterrados en el cementerio de Wadi Halfa, asociado con la industria lítica Qadan.

El comportamiento violento en sociedades cazadoras-recolectoras pasadas y presentes parece variar, reflejando en parte el período, la cultura y el nivel de organización de sociedades móviles y semi-sedentarias. Varios ejemplos etnoarqueológicos sugieren que el concepto de guerra puede abarcar todas las formas de relaciones antagónicas desde feudos, asesinatos individuales, ataques por emboscada, incursiones y toma de trofeos hasta enfrentamientos sangrientos y conflictos armados a mayor escala.

12. CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS FUTURAS

Por primera vez desde la publicación original de Wendorf, una reevaluación completa del cementerio de Jebel Sahaba ha sido utilizada para clarificar la naturaleza, extensión y datación de la violencia experimentada por los individuos enterrados en el sitio. Los análisis modernos apoyan inequívocamente la naturaleza interpersonal de las lesiones y confirman el origen proyectil de la mayoría de los traumas.

Los análisis muestran que de sesenta y un individuos, 26,2% tenían signos de traumas perimortem y 62,3% mostraban traumas cicatrizados y/o no cicatrizados, independientemente de la edad al momento de la muerte o el sexo, incluyendo niños de tan solo 4 años de edad. La reevaluación de los artefactos líticos asociados a cada entierro revela que la mayoría eran elementos de armas proyectiles compuestas.

Aunque están presentes entierros dobles y múltiples, probablemente indicando muertes simultáneas, los datos demográficos y el disturbio del entierro causado por enterramientos subsecuentes no apoyan un único evento catastrófico. Mientras se reconoce la posibilidad de que el cementerio de Jebel Sahaba pueda haber sido un lugar específico de entierro para víctimas de violencia, la presencia de numerosos traumas cicatrizados y el reuso del espacio funerario apoyan la ocurrencia de episodios recurrentes de violencia interpersonal esporádica a pequeña escala al final del Pleistoceno.

La mayoría de estos episodios probablemente fueron el resultado de escaramuzas, incursiones o emboscadas. Las presiones territoriales y ambientales desencadenadas por cambios climáticos son las causas más probables de estos conflictos frecuentes entre lo que parecen ser grupos culturalmente distintos de cazadores-pescadores-recolectores semi-sedentarios del valle del Nilo.

Las limitaciones del estudio actual incluyen la ausencia de tres individuos originales (JS 1, JS 3 y JS 30) cuyo paradero permanece incierto, y algunos de los huesos con artefactos líticos incrustados descritos por Anderson. Además, las fechas recientes obtenidas de apatita deben ser interpretadas con cautela debido a los problemas potenciales de contaminación por calcita.

Las futuras investigaciones deberían centrarse en obtener nuevas fechas radiométricas confiables utilizando métodos mejorados, expandir el análisis isotópico para comprender mejor la dieta y movilidad de estos individuos, y realizar estudios de ADN antiguo para clarificar las relaciones biológicas entre los enterrados y su relación con otras poblaciones del Pleistoceno tardío.

El cementerio de Jebel Sahaba sigue siendo un testimonio poderoso de la complejidad del comportamiento humano en el pasado profundo. Lejos de ser simplemente evidencia de guerra primitiva, representa un registro de cómo las comunidades humanas enfrentaron y respondieron a los desafíos ambientales extremos, y cómo la violencia se convirtió en una estrategia recurrente, aunque no necesariamente dominante, en la interacción entre grupos competidores por recursos limitados en un mundo cambiante.

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Fuentes

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